Ruta por Ribera del Duero Burgalesa

Ruta por la Ribera de Duero Burgalesa

La ruta por la Ribera de Duero Burgalesa se ubica en el Sur de la provincia de Burgos, limitando al Suroeste con la provincia de Segovia, al Este con Soria y al Oeste con Valladolid y Palencia. Es una comarca de gran riqueza fluvial, bañada principalmente por el Río Duero que la atraviesa de Este a Oeste y que constituye el recurso primordial que da a este territorio toda su riqueza y su diversidad paisajística y faunística. Este gran río se adentra en las tierras burgalesas sosegándose, ampliando su curso y formando una amplia vega en la que destaca un sinuoso meandro a la altura de Vadocondes. Recorre suaves campiñas cubiertas de viñedos o tierras sembradas de cereales y modela un territorio rico en espacios abiertos con cerros, páramos y valles a través de sus afluentes, protagonistas también de esta tierra: el Arandilla, el Esgueva, el Bañuelos, el Riaza, el Aranzuelo y el Gromejón.

Esto posibilita que la Ribera sea un destino turístico ideal para quien viaja con sus propias ruedas. Moverse por las diferentes localidades es fácil y rápido: la distancia media entre Aranda y cualquiera de los municipios de la comarca no supera los quince minutos.

El binomio vino de Ribera del Duero y lechazo de Castilla y León es inseparable porque es una experiencia gastronómica inigualable. Se puede degustar en los más afamados restaurantes de la zona, donde podrán disfrutar de una cuidada y esmerada atención, o como es costumbre entre los habitantes de la Ribera, reunirse con amigos y familiares en antiguas bodegas, transformadas actualmente en merenderos, para dar cuenta de unas chuletillas asadas con sarmiento regadas con un vino clarete del año.

Un visitante no puede irse sin recorrer el rico patrimonio histórico y cultural que nuestros antepasados nos dejaron, y que le hará entender el por qué de nuestra identidad y carácter castellano; Asentamientos prehistóricos, yacimientos romanos, castillos fronterizos, palacios, arquitectura religiosa como conventos, colegiatas, iglesias mayores, iglesias y ermitas de todos los estilos arquitectónicos junto a una amplia arquitectura popular y un folclore rico en danzas pintorescas, canciones tradicionales ligadas a los trabajos de labranza y fiestas religiosas, populares y romerías permiten al viajero integrarse en la comunidad y ser acogido como uno más. Es entonces, cuando conocerán la amabilidad y sencillez de la gente de la Ribera del Duero Burgalesa.

Experiencias

Qué visitar

Aranda de Duero

La villa arandina es el centro de referencia de la Ribera burgalesa. Su estratégica posición junto al Duero, y en un cruce de caminos, la convierte en privilegiado escenario de la historia, arropada por la fama de sus vinos. Aranda de Duero es la mayor de las poblaciones de la Ribera del Duero en la provincia de Burgos. Y junto a Peñafiel, San Esteban de Gormaz, Peñaranda o Roa de Duero la más emblemática de los vinos de la Ribera del Duero. Ciudad de negocios e industrial, no ha perdido el encanto de otras épocas en su casco histórico. No siempre el trayecto fue fácil pero hoy, con legítimo orgullo, mantiene el compromiso con el futuro.

Aranda de Duero ofrece al amante del enoturismo buenas y variadas actividades. Desde visitar sus monumentos más emblemáticos como la fachada de la iglesia de Santa María o la de San Juan, el Palacio de los Berdugo o el puente medieval de las Tenerías que ofrece una bella panorámica sobre el Duero; ampliar los conocimientos del mundo del vino en el Centro de Interpretación de la Arquitectura del Vino CIAVIN, degustar la rica y variada gastronomía (encabezada por el lechazo asado) en sus muchos y excelentes mesones y restaurantes, pasear por la orilla del Duero, adentrarse en la Edad Media bajando a conocer las bodegas subterráneas medievales que hay excavadas bajo las casas del casco histórico…

La Virgen de las Viñas es la patrona de Aranda y celebra sus fiestas el segundo fin de semana de septiembre.

  • La localidad de Aranda de Duero cuenta con una red de 7 kilómetros de túneles, o galerías excavados entre los siglos XII y XVIII que se encuentran en el casco histórico. Las bodegas subterráneas están intercomunicadas entre sí debido a que es muy importante la ventilación entre ellas y tienen una profundidad entre 10 y 12 metros de profundidad. Actualmente existen unas 110 bodegas inventariadas aproximadamente. El estado de conservación es muy diverso, aunque muchas de ellas son visitables o tienen un uso lúdico, turístico o comercial.
    Aranda de Duero cuenta con el primer mapa urbano realizado en la Península, cuya fecha data de 1503. Actualmente se encuentra en el archivo general de Simancas y desde 2017 es parte de la «Memoria del Mundo» de la UNESCO.
  • La Plaza Mayor ha sido, desde finales del Medievo, el centro de convivencia arandino. De ahí que sea elocuente testimonio de la historia de la villa. Como toda plaza mayor cumple tres funciones básicas, comercial, institucional y recreativa, que han ido adaptándose a los tiempos. Nació como espacio extramuros para celebrar bulliciosas ferias y mercados. Pero el crecimiento urbano lo absorbió al ampliarse el perímetro amurallado. De este modo quedó englobado dentro del núcleo con el nombre de Plaza Nueva cuyos límites se habían consolidado mediante la construcción de viviendas con soportales. También en ella levantaron sus residencias importantes linajes castellanos quienes disfrutaban, desde los balcones, de brillantes festejos. En el siglo XIX fue testigo de eventos significativos, pasando a denominarse Plaza de la Constitución. Sus soportales, empedrados con losas de los antiguos conventos, se convirtieron en aceras para el paseo burgués. A este espacio fueron abriéndose las tiendas con escaparates y los ventanales de las sociedades recreativas, mientras un moderno quiosco era colocado en el centro.
    Hoy, su carácter de encuentro ha sido aprovechado por el Ayuntamiento para instalar la Oficina de Turismo, el CIAVIN (Centro de Interpretación de la Arquitectura del Vino) y una reproducción del plano de Aranda de 1503.
  • En el CIAVIN (Centro de Interpretación de la Arquitectura del Vino) cada visitante podrá adquirir una visión distinta de este universo: conocer bodegas silenciosas, lagares con enormes prensas de madera, galerías y cubas que, en su conjunto, ofrecen nuevas perspectivas de un rico patrimonio. La diversidad de enfoques del centro lo hacen interesante para cualquier tipo de público: familias, amantes de la historia, turistas ocasionales y grupos de amigos. Entre otros recursos, el visitante encontrará paneles explicativos, recreaciones de yacimientos romanos como Clunia y ejemplos que muestran la elaboración tradicional del vino. Además, a través de una maqueta de Aranda basada en el plano de la villa en 1503, descubrirá el entramado de bodegas subterráneas y conocerá el porqué de su realización.
    El recorrido se completa con la visita a la tradicional bodega de “Las Ánimas”, desde la cual podemos descubrir la razón de ser de estas galerías, relacionadas con la manera de vivir de las gentes de esta villa en la Edad Media, así como sus métodos de elaboración y almacenaje del vino.
  • La iglesia de Santa María La Real es el edificio más representativo de la villa, ejemplo de su periodo de esplendor y centro sobre el que giró su expansión urbana. El edificio actual sustituye a uno anterior, del que solo se conserva la sólida torre defensiva, posiblemente del siglo XIII. Del exterior destaca el sobrio juego de volúmenes de la cabecera y su espectacular portada meridional. Está presidida por una imagen de María amamantado a su hijo. En él se resumen los principales momentos de la historia de la salvación cristiana y acoge multitud de imágenes de apóstoles, evangelistas, santos y santas protectores que son testimonio de las creencias, aspiraciones y temores de los arandinos. En el interior, nos encontramos ante un amplio templo de tres naves y una cuarta nave al norte con varias capillas. Su esbelta arquitectura asume la mejor tradición del gótico burgalés. Impresiona su elegante concepción espacial reforzada por la luz que filtran sus ventanales y bellos rosetones con interesantes vidrieras de principios del siglo XX. Son muchas las obras que merecen destacarse, como las elegantes capillas funerarias y la pila bautismal. Especialmente sugestivo es el púlpito de nogal realizado, entre 1544 y 1547, por los escultores Miguel de Espinosa y Juan de Cambray. Otros trabajos de interés son la escalera de subida al coro y el gran Retablo Mayor de principios del siglo XVII.
  • Iglesia de San Juan: Se trata de un templo gótico que protagonizó uno de los hitos de la villa: el Concilio de Aranda en 1473. Hoy en día alberga el Museo de Arte Sacro. Está situada sobre un punto elevado que domina el paso sobre el Bañuelos a cuya defensa contribuía su torre, única pieza conservada de un templo anterior. Del exterior destaca su portada sur, formada por arquerías de fino diseño geométrico y presidida por un altorrelieve de San Juan atribuido al escultor burgalés del siglo XVI Juan de Vallejo.
    En su interior, de tres naves cubiertas con bóvedas de crucería de elegantes nervios con fieros dragones pintados, llama la atención el retablo mayor de suaves superficies jaspeadas. Esta obra, de mediados del XVIII, incorpora varios relieves del XVI procedentes del retablo anterior.

A la izquierda de la nave principal, se abre una capilla funeraria de las primeras décadas del XVI, conocida como de las Calderonas, por ser una fundación de Alonso de Calderón, quien solo tuvo descendencia femenina.

La preside un retablo dedicado a Santa Catalina con pinturas en tabla de cuidados paisajes. Otra pieza interesante es la pila bautismal, bello trabajo efectuado en piedra en el segundo cuarto del siglo XVI.

  • Museo de arte Sacro: En él se reúnen piezas de singular valor artístico de diversas localidades ribereñas con el objetivo de mostrar las múltiples facetas del hecho religioso a través del tiempo.
  • Humilladero y Ermita de Nuestra Señora de las Viñas.

Al exterior del antiguo núcleo amurallado, Aranda de Duero tuvo también obras de gran interés que hoy forman parte de su rica herencia patrimonial, como es el caso del Humilladero. Su construcción, en un cruce viario, permitió a caminantes y labradores hacer una pausa antes de seguir su jornada. Estaba pensado para reflexionar ante el misterio de la Crucifixión cuya representación corona un pilar erigido sobre un grupo de escaleras en recuerdo del Monte Calvario. Cuatro columnas sustentan una bellísima techumbre de madera de tradición mudéjar, donde se desarrollan labores decorativas del XVI.

Aquí comienza un paseo ajardinado que culmina en la ermita de la Virgen de las Viñas, uno de los lugares más queridos de la villa. Los arandinos siempre han sentido una gran devoción por su patrona que gozó de la protección de reyes y príncipes. Su origen se encuentra en una bella tradición medieval que cuenta la aparición de María, sobre una cepa, a un labrador que estaba trabajando sus tierras. La Virgen, le pide que desentierre una antigua imagen mariana, oculta cuando los cristianos huían de los ataques islámicos. La figura hallada se convirtió en la patrona de Aranda.

La ermita actual es fruto de una larga génesis constructiva. Conserva testimonios de diferentes épocas. El más antiguo es su bella cabecera renacentista de delicada bóveda estrellada erigida con el apoyo del obispo Acosta. En 1688, el fervor barroco favoreció la realización de su amplia nave en la que domina la exuberancia de las yeserías de sus bóvedas. Un siglo después, el coronel Pablo Esteban costeó la realización de un camarín y regaló varias piezas artísticas. Ya en la centuria pasada, los accesos experimentaron una importante transformación al construirse, para usos de la cofradía, un edificio alrededor de un patio.
En el interior, destaca la talla mariana, imagen vestida con ricos ropajes que ocultan una escultura gótica. A sus pies puede verse el célebre Mediquín, efigie de finales del XVII que, según la tradición, recuerda a un jovencísimo médico llegado a Aranda en tiempos de una grave epidemia quien, tras remediar a muchos arandinos en tan difíciles momentos, desapareció sin dejar rastro.También debe llamarse la atención sobre la imagen del Santo Cristo, situada en una moderna capilla a la entrada de la ermita. Esta pieza, de notable calidad, grandes dimensiones y delicada composición de ritmos curvos, ha sido fechada en el segundo tercio del siglo XIV.

  • Rollo Jurisdiccional y Palacio de los Berdugo.

  • En la actualidad, pueden verse ambos en la pequeña Plaza del Rollo.
    En su origen, el rollo estuvo situado en la Plaza Mayor y así quedó recogido en el plano de 1503. De características góticas, es un elemento de notable valor simbólico al representar los poderes jurisdiccionales de la villa. También pudo utilizarse para aplicar las penas y, en este caso, tendría un claro sentido disuasorio por su ubicación en el espacio público más importante. Se compone de un pedestal escalonado y un prisma con cuatro columnillas, recurso típico de la época de los Reyes Católicos. Lo remata un dado en cuyas caras se labraron los escudos de la villa. Lo que siempre ha presidido la Plaza del Rollo desde el siglo XVI es el Palacio de los Berdugo, característico ejemplo de la arquitectura civil del renacimiento castellano. Es el mejor testimonio del esplendor de una villa visitada con frecuencia por la corte y donde vivían destacados representantes de los más poderosos linajes castellanos. Presenta las características habituales en este tipo de edificios: buen tratamiento de la sillería del frente principal, cuidado arco de entrada, presencia de emblemas heráldicos y organización del espacio interior a través de un patio con columnas y un pozo de cuidado brocal.
  • Casa de las Bolas – Museo Félix Cañada: Situada en el corazón del barrio más antiguo de la villa, frente a la iglesia de San Juan, es hoy un centro cultural cuyo nombre se debe a las formas esféricas que animan la cornisa moldurada de separación de sus dos cuerpos. Constituye un claro ejemplo de la arquitectura civil de las décadas finales del siglo XV, destacando su amplio arco de medio punto de acceso en cuyo centro se sitúa un escudo. Según la tradición, aquí residió la reina Juana de Avis, esposa de Enrique IV, a quien su marido había otorgado el señorío de la villa en 1460. Durante su estancia en Aranda, la reina estuvo acompañada de su cuñada, la joven Isabel.
    En el Museo Casa de las Bolas se muestra la colección permanente Félix Cañada, una selección de obras pictóricas comprendidas entre el siglo XVII y el XX con la particular visión de su propietario, quien ha donado el trabajo de toda una vida de “recolección” artística al Ayuntamiento de Aranda de Duero.

  • Colegio de la Vera Cruz: Se fundó por iniciativa del ilustre arandino Pedro de Acuña y Avellaneda quien, a mediados del siglo XVI, satisface los deseos del Concejo para que la villa disfrute de un moderno centro educativo. En él se impartiría Gramática, Teología y Filosofía, según el modelo del colegio salmantino de San Bartolomé donde él había estudiado. El proyecto fue encargado al prestigioso arquitecto renacentista Rodrigo Gil de Hontañón, quien diseñó un ambicioso conjunto. No obstante, a la muerte del promotor, solo estaba edificada la capilla funeraria. A principios del XVII, las obras continuaron según un diseño más modesto, ajustado a los recursos existentes. Se levantó entonces un colegio y un templo, hoy bajo la advocación de San Juan de la Vera Cruz.
    A los pies se sitúa una capilla cuadrangular erigida, en un principio, para ser el panteón del fundador. En su bella y cuidada arquitectura destaca la puerta de entrada, de elaborada ornamentación renacentista, y la bóveda estrellada de complejo trazado. El resto del edificio es de sobria arquitectura clasicista, de planta de cruz latina de única nave con profunda cabecera cuadrangular que acoge dos arcos, decorados con emblemas heráldicos. Hoy en día pueden admirarse en él varias obras escultóricas de gran interés, procedentes del desaparecido convento dominico fundado por el obispo Acosta a mediados del siglo XVI. Dichas piezas formaron parte de su gran retablo mayor: los relieves de la Anunciación, Bautismo de Jesús y Venida del Espíritu Santo y las esculturas de Santa Catalina y Cristo en la cruz.

  • Antiguo Hospital de los Santos Reyes: Mediado el siglo XVI, el obispo Acosta, protector de las artes y gran benefactor de Aranda, fundó un hospital donde mejorar la salud del cuerpo y el alma. Para disfrutar de aire y sol, se situó en una posición privilegiada, la orilla sur del Duero, inmediato al puente y al convento dominico que también erigía el prelado. Hoy en día solo se conserva una sencilla nave, pero sigue manteniendo a su entrada un delicado relieve de la Adoración de los Magos.
    Muy próxima se conserva, también, la fuente de Santo Domingo, cuidada por el Concejo arandino, cuyos escudos presiden el noble frente de sillería.

  • Las Riberas del Duero y el Arandilla: Aranda está asentada en el espacio de confluencia de tres ríos: Duero, Bañuelos y Arandilla, que han sido motor de desarrollo económico, fuente de goce estético y origen de preocupaciones en tiempos de avenidas. A lo largo de los siglos, sus riberas se han ido incorporando a la vida urbana mediante la construcción de puentes y paseos arbolados como ámbitos de encuentro. Ya en el siglo XX se convierten en escenario de ocio y deporte.
    El Puente Mayor, sobre el Duero fue la entrada sur de la villa y hubo de ser reformado en numerosas ocasiones para adaptarlo a las nuevas necesidades económicas y sociales: desde soportar el paso de rebaños al rodar de vehículos. Otros puentes dignos de interés son el de la Conchuela sobre el Arandilla, por su trabajo de cantería y esbelto arco medieval, y el Puente de Tenerías sobre el Bañuelos, cuyo ligero perfil alomado sitúa su origen en el Medievo, aunque su apodo más popular sea “puente romano”.

  • Paseos, Parques y Jardines: Sin duda, el gran protagonista es el paseo de subida a la Ermita de la Virgen de las Viñas desde el Humilladero. Es un camino repleto de jardines en los que se encuentran algunos restos arquitectónicos de la localidad que se trasladaron hasta allí para que los habitantes y visitantes de Aranda pudieran verlos y disfrutarlos.
    Destaca un arco monumental, testimonio del antiguo convento dominico del Sancti Spíritus, fundado por el obispo de Osma, Pedro Álvarez de Acosta, así como varios escudos con la característica rueda de Santa Catalina, a la que la familia Acosta tenía especial devoción.
    El parque General Gutiérrez es una gran arboleda de varias hectáreas para pasear, practicar deporte, realizar picnic los días de buenas temperaturas, senderismo y, por supuesto, acudir en familia. Cómo no, también es escenario de eventos culturales de la villa y territorio de acampada para los fieles al Festival Sonorama Ribera.
    En las márgenes del Duero, el parque de «Barriles», repleto de vegetación y jardines, ofrece en pleno centro un enclave en el que pueden observarse especies animales como cisnes y pavos reales. Cuenta con varias esculturas contemporáneas y es un espacio donde relajarse, disfrutando de una merienda campestre, alquilar una barca para navegar por el Duero, o admirar los fuegos artificiales en las Fiestas Patronales.
  • Museos del Tren y Cerámica: La antigua estación de ferrocarril Aranda de Duero – Chelva, es la sede del Museo y de la Asociación Arandina de Amigos del Tren. Fue un importante centro de comunicaciones para la Ribera gracias a la línea Valladolid – Ariza, inaugurada en 1895 y motor de desarrollo de la villa en los siglos XIX y XX.
    Hoy en día alberga el Museo del Tren, lleno de encanto y nostalgia para el deleite de los amantes de los viajes. En el interior del museo varias salas acogen el pasado y presente del ferrocarril con la exposición de gorras de maquinista, señales, bocinas, herramientas y objetos relacionados. Además, en los andenes pueden apreciarse ejemplos de la evolución de los diferentes tipos de vía.
    El Museo Municipal de Cerámica muestra, tras su reciente reapertura, una imagen totalmente renovada que respeta la tradición y gusto de los ribereños por la cerámica, fruto de los esfuerzos de la familia Higuera.

Roa de Duero

En lo alto de un cerro dominando el valle del río Duero se asienta Roa de Duero, su imagen destaca desde la lejanía. Su posición estratégica fue aprovechada por celtíberos y romanos. Desde hace más de 2.500 años este lugar ha visto marcada su trayectoria por las civilizaciones que en ella se han ido asentando. Es el caso de su esplendoroso pasado celtibérico o de la posterior ocupación romana, la antigua “Rauda”, que formaba parte de la calzada que comunicaba Clunia y Astorga.

Su historia se halla asociada a dos personajes que encontraron la muerte en ella en tiempos y condiciones distintas: el Cardenal Cisneros, en 1517, y el célebre guerrillero El Empecinado, en 1825.
De su larga génesis se conserva un rico patrimonio, como los restos del antiguo cerco amurallado o el templo de San Esteban, un edificio gótico que desempeñó funciones defensivas.
En 1840 la localidad fue totalmente incendiada por el general carlista Juan Manuel Martín de Balmaseda.

Hoy en día, Roa de Duero, con 2.500 habitantes está considerada el Corazón de la Ribera, aún sin dejar de lado la representación de Peñafiel, San Esteban de Gormaz y Aranda de Duero, en Roa el mundo del vino se ha convertido en parte fundamental del desarrollo cultural y económico de la zona. Establecida aquí la Sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero, que goza de unas instalaciones cargadas de mucha historia.
Visita indispensable en su paso por la villa son los monumentos que nos ofrece, como la Ex Colegiata de Nuestra Señora de la Asunción del siglo XVI, los restos de la muralla medieval que datan del siglo XIII o el monumento a “El Empecinado” famoso guerrillero ahorcado en Roa de Duero en 1825.
La antigua colegiata dedicada a Santa María preside la Plaza Mayor. Conserva elementos de los templos anteriores -románico y gótico- aunque la obra más destacada es la realizada en el XVI, cuando se convierte en un magnífico templo de tres naves con espléndida cabecera.
Un paseo por la población nos permite descubrir otras obras de interés como los restos de la iglesia de San Juan, cuya bella portada románica ha sido integrada en la moderna sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen, obra del estudio de arquitectos Berozzi Veiga.

Ameno e interesante resulta el recorrido interactivo por el Parque Arqueológico de Roa, llevando al visitante a épocas lejanas. Al igual que se puede disfrutar de un paseo por el espléndido mirador del “Balcón del Duero”, que presta una vista panorámica inigualable, paseo en el que encontraremos elementos tan interesantes como una bombarda del siglo XIV o el monumento en bronce al Cardenal Cisneros, otro personaje ilustre unido a la historia raudense.

Gumiel de Izán

Protegida por dos pequeñas colinas, fue paso obligado en las comunicaciones que unían el norte con el centro y sur peninsular. Su primera referencia escrita data del año 1042. Su situación geográfica favoreció la temprana instalación de centros religiosos. En 1073 se fundó el monasterio benedictino de San Pedro que, un siglo después, sería la casa matriz de la orden de Calatrava.

La fertilidad de sus tierras propició los intereses de la nobleza sobre la villa, que sufrió numerosos cambios de dueño hasta quedar en manos de Alonso Téllez, I conde de Ureña, en la segunda mitad del siglo XV. Fue uno de sus momentos de mayor esplendor.

De pasado romano, esta población burgalesa situada a 12 kilómetros de su partido judicial, Aranda de Duero, reúne un conjunto cultural de gran belleza.
Sobre el río Gromejón se conservan los puentes de San Pedro y San Antonio que formaban parte de la vía romana Clunia-Astúrica.
En este término, y bajo su jurisdicción, hubo dos monasterios: San Lorenzo y San Pedro de Gumiel. En éste último tuvo lugar, en el siglo XV, la primera parte del Concilio Gumiel-Aranda.
Nombres propios de esta villa son: Santo Domingo de Guzmán, criado en ella; Per Abat que manuscribió el “Cantar de Mío Cid” y Diego de Gumiel editor de “Tirant le Blanc”, nacieron en ella.
Gumiel de Izán es conjunto histórico artístico desde 1965.

Merece la pena pasear por sus calles y disfrutar de la arquitectura popular, que puede recordar a la de otros pueblos castellanos de la Ribera del Duero como Peñafiel o San Esteban de Gormaz, y de sus construcciones entre la que destacan los lagares.
El conjunto urbano custodia una de las arquitecturas tradicionales más interesantes de la provincia de Burgos. No obstante, su edificio más relevante es el templo gótico de Santa María cuya espectacular portada fue construida entre 1580 y 1627.
Su interior, con tres esbeltas naves de elegantes bóvedas estrelladas, atesora numerosas obras de interés. Entre ellas destaca, por la calidad escultórica de sus relieves y sus singulares dimensiones, el retablo mayor. Dignos de mención son también los retablos laterales, dedicados a San Pedro y Santiago, o la talla gótica del Cristo de la Paciencia. El templo, de estilo gótico, está dedicado a la Asunción de la Virgen de Santa María y ocupa el lado norte de la Plaza Mayor.
Otro de los puntos de obligada visita es el Museo Parroquial que custodia magníficas piezas de diferentes épocas y procedencias. Entre ellas podemos citar la imagen románica de Nuestra Señora de Tremello; el Calvario de Reveche, del que se conserva el Cristo doloroso, de principios del siglo XIV; así como los delicados objetos de platería de los siglos XV y XVI.

A través de un paseo desde el casco antiguo podemos encontrar la ermita de Nuestra Señora del Río, un ejemplo del barroco popular. También es de gran interés la ermita de Reveche, templo románico de una población hoy desaparecida.
Su trama urbana se organiza en torno a la Calle Real. El sector más antiguo coincide con la zona de levante, en contacto con la colina del Castillo. Sobre ella, en el siglo XV se erigió una fortaleza, de la que apenas quedan unas modestas ruinas, para hacer frente a las continuas luchas señoriales del momento. Sí se conserva parte de las galerías subterráneas excavadas durante los distintos periodos de asedio que sufrió la localidad.
Su continuado crecimiento provocó que, en varias ocasiones, fuera ampliado su perímetro amurallado. De este cerco defensivo pervive la Puerta de los Mesones, reconstruida en 1786. El corazón del núcleo es la Plaza Mayor, principal espacio de convivencia, aunque caminando por sus cuidadas calles también podemos descubrir otros puntos de interés como las plazuelas del Palacio y de la Fuente.

Peñaranda de Duero

En una tierra plagada de historia y de cultura como la castellana no es fácil destacar. Sin embargo en Peñaranda de Duero se combinan todos los elementos necesarios para poder afirmar que nos encontramos ante una de las joyas medievales de Castilla y León. Su origen se remonta al proceso repoblador del Medievo y tiene sus primeras referencias documentales a mediados del siglo XI. Su desarrollo y esplendor deben relacionarse con la familia Avellaneda en el siglo XVI, emparentada con la poderosa estirpe de los Zúñiga y dueña de la localidad gracias al favor del rey Enrique II.

Mantiene un reconocido Conjunto Histórico Artístico, sus calles son estrechas y serpenteantes y cuenta con una arquitectura que combina la piedra y el entramado de madera. Sus mejores muestras se observan en la Calle Real.
En el aspecto arquitectónico, destacan monumentos nobiliarios presididos por el castillo. Diego de Zúñiga renovó la vieja fortaleza, siguiendo esquemas similares a la de Peñafiel. Fue así como la convirtió en emblema del gran auge que los Zúñiga Avellaneda estaban adquiriendo en la corte de mediados del siglo XV.

Casas blasonadas, calles empedradas, Palacio de Avellaneda, plaza con su rollo, Ex- Colegiata de Santa Ana, Castillo, son solo algunas muestras de una villa que es un símbolo de la página más bella de nuestra historia.
El palacio de los Avellaneda, construido en el XVI por Francisco de Zúñiga y su esposa María Enríquez, cuenta con una cuidada portada y un bello patio de delicadas columnas. Destacan sus estancias, que exhiben una de las mejores series de techumbres españolas donde se armoniza el gusto mudéjar con la ornamentación gótica o renacentista. Actualmente alberga una sala de exposiciones.
Frente al palacio encontramos un magnífico rollo jurisdiccional del siglo XV y la iglesia de Santa Ana, cuyas obras comenzaron en 1539 auspiciadas por la condesa doña María y finalizaron en el siglo XVIII. En su interior destaca el retablo mayor neoclásico, una rica colección de reliquias italianas y exquisitos ornamentos sagrados. También a doña María se debe la construcción del convento de franciscanas concepcionistas y el hospital de la Piedad.
En dirección a La Vid encontramos el convento de carmelitas descalzos de San José fundado en 1603 por los VI condes de Miranda quienes, cinco años después, fueron nombrados duques de Peñaranda. Se hacen visitas guiadas concertadas en la oficina de turismo (947 55 20 63).
También remarcables el Museo-Herrería de Jose Cerezo (947 55 20 69).
Peñaranda de Duero celebra sus fiestas en honor a Santiago Apóstol (25 de julio) y Santa Ana (26 de julio), la patrona de la colegiata y por tanto fiesta de la parroquia. Además el 8 de septiembre la protagonista es Nuestra Señora de los Remedios, patrona de Peñaranda.

Gumiel de Mercado

Sus tierras fértiles y su posición estratégica convirtieron a esta población en pieza codiciada por reyes y nobles. A finales del siglo XIV, Enrique II la entrega a Lope Ochoa de Avellaneda, pasando después a los Sandoval. Con este linaje, encabezado por el duque de Lerma, la localidad vive su etapa de mayor esplendor.

Gumiel de Mercado está ubicado en una zona rodeada de pinares que antaño fue cabeza de señorío. Está bañado por el río Gromejón, en cuyos márgenes existieron durante la Edad Media importantes monasterios como el de Gumiel de Izán o el del Sancti Espíritu de La Aguilera. En su Cerro del Castillo, se encuentran numerosas bodegas subterráneas y zarceras. También digna de mención la iglesia de Santa María, de estilo gótico, siglo XV.
Su conjunto urbano es uno de los más bellos de la Ribera, conservando su parte más antigua junto a la cuesta de El Viso y su evolución medieval en torno a la Calle Real. A lo largo de sus calles todavía son visibles interesantes ejemplos de la arquitectura tradicional y también viviendas que fueron ocupadas por familias nobiliarias vinculadas al duque de Lerma.
Testimonio de su desarrollo son sus dos iglesias parroquiales: San Pedro y Santa María. La primera, más antigua, exhibe una singular torre y en su interior puede verse el sepulcro del presbítero Juan Sánchez, promotor de las obras. La de Santa María, situada en el extremo sur de la villa, destaca por su torre con el escudo ducal y el retablo mayor, de gusto barroco.

Ventosilla

Este paraje, al sur de Gumiel de Mercado, ha sido conocido durante años por sus buenas condiciones para la caza. Comprado por Isabel la Católica en 1503, los Sandoval lo adquirieron en 1521 y el I duque de Lerma lo transformó en sitio de recreo para acoger a Felipe III. Hoy se mantiene el palacete diseñado por Francisco de Mora en 1602.

Haza

Situada en un cerro al sur de la provincia de Burgos, próxima de Roa de Duero, Aranda de Duero o Peñafiel, esta antigua Villa bañada por el Riaza (afluente del Duero), posee un fértil valle salpicado de viñedos que producen algunos de los mejores vinos de la Ribera del Duero. En una elevada colina, en su imagen domina la impresionante fortaleza.

Como una de las primeras fortalezas que fue, en la etapa de repoblación de la Reconquista, Haza conserva restos de muralla, un castillo próximo a ser restaurado y una bonita iglesia con elementos medievales. Sobresale la parroquia de San Miguel, en cuyo interior se conserva una talla de la Virgen del siglo XIV y piezas que recuerdan la relación de la localidad con Santo Domingo de Guzmán. A día de hoy, visitar Haza es trasladarnos, a través de sus rincones aparentemente detenidos en el tiempo, directamente al Medievo.

Estos tres ejemplos de arquitectura medieval forman un conjunto histórico artístico que hace de esta población burgalesa, un lugar de parada obligada en la Ruta del Vino Ribera de Duero.
Aquí nació Santa Juana, madre de Santo Domingo de Guzmán fundador de la Orden Dominica.

En el año 912 entra en la historia escrita, cuando los cristianos buscaban asegurar el valle del Duero.
La población estuvo asociada al poderoso linaje de los Lara, en el siglo XV pasa a manos de los Avellaneda y después, por enlaces matrimoniales, a los Zúñiga, quienes reformaron la fortaleza.

Caleruega

Situada en el extremo noreste de la comarca, a 25 kilómetros de Aranda de Duero, su imagen está dominada por un monumental conjunto religioso dedicado a la figura de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores. Su primer desarrollo estuvo ligado al proceso repoblador y entrará en la historia escrita en 1062. El gran torreón de los Guzmán fue el centro del señorío de Félix de Guzmán y Juana de Aza, padres de Domingo y armoniza el carácter defensivo con sus funciones residenciales.

En 1266 Alfonso X fundaría un monasterio de religiosas dominicas destinado a ensalzar la figura del santo, renovado y ampliado en los siglos XVII y XVIII. Junto a él se desarrolló, a mediados del siglo XX, un gran complejo religioso como convento de frailes dominicos.

Además de los lugares dominicos, en Caleruega podrás disfrutar de yacimientos, rutas de senderismo por la naturaleza, la bodega más antigua de la Denominación de Origen y una rica gastronomía.

Otros lugares destacables a visitar en Caleruega: la Iglesia de las Madres Dominicas, la Parroquia de San Sebastián y el Torreón de los Guzmanes.
Por todo ello desde 2017 forma parte de la Asociación de los Pueblos más Bonitos de España.

Coruña del Conde

Situada junto al río Arandilla, su protagonismo en la historia castellana se debe al papel que desempeñó en las luchas entre cristianos e islámicos, citándose entre las poblaciones recuperadas en el año 912.

En su imagen dominan los restos de una poderosa fortaleza construida con materiales procedentes de Clunia y reelaborada a lo largo de la Edad Media.

Un paseo por sus calles nos permite apreciar cómo se reaprovecharon piezas romanas y nos descubre tradicionales rincones como la plaza, escenario de antiguos mercados.

También abundan los ejemplos de arquitectura popular ribereña o edificios solariegos. Es especialmente interesante el templo renacentista de San Martín en cuyo interior, de tres espaciosas naves a la misma altura, destacan el retablo mayor de principios del siglo XVII, la techumbre y la pila bautismal.

A las afueras de la población se encuentra la ermita románica del Santo Cristo, Bien de Interés Cultural, fechada a principios del siglo XII. Destacar su notable cabecera de planta cuadrangular recorrida por arquerías.

Huerta del Rey

Localidad ubicada en un magnífico emplazamiento natural, donde las comarcas de la Ribera y de la Sierra entran en contacto. El río Arandilla nace en sus tierras y en sus proximidades brotan manantiales que hacen del agua el gran protagonista de su trazado urbano.

Cuando en el año 912 los condes castellanos aseguraron los principales puntos de la línea del Duero, Huerta también tendría una función de defensa. En 934 la expedición militar efectuada por Abd al-Rahman III la arrasa, junto con Clunia.

Fue de patrimonio real y así lo avala su antiguo nombre, Orta de Rege. Esta situación se prolongó hasta 1137, cuando Alfonso VII la donó al monasterio de Silos.

El 26 de febrero de 1918 un gran incendio provocó el proceso de reconstrucción del pueblo. No obstante, todavía conserva una notable arquitectura tradicional basada en la combinación de piedra y entramado de madera.

Hoy forma parte de la Ruta de la Lana y del Camino del Destierro.

Fuentelcésped

Villa de fuerte tradición vinícola situada al sur de la Ribera, en el valle de la Nava, al límite con Segovia. Del obispado de esta ciudad dependió hasta mediados del siglo XX. Su núcleo es la plaza junto a la que se sitúa la iglesia parroquial de San Miguel. A ella accedemos por una gran portada de mediados del siglo XVIII.

En su interior llama la atención el despliegue de yeserías barrocas, la bóveda semiesférica erigida sobre la cabecera y el retablo mayor, de 1674.

Camino de Santa Cruz de la Salceda encontramos un singular conjunto formado por fuentes, lavaderos y abrevaderos realizado a fines del XVIII, según los principios ilustrados de utilidad pública.

En el inicio del camino a Nuestra Señora de la Nava se conserva un humilladero erigido por un matrimonio de la localidad, siguiendo los gustos clasicistas de principios del siglo XVII.

Por último, la ermita de la Nava es elocuente testimonio de un centro devocional barroco que fue construido y amueblado con la ayuda del vecindario a lo largo del siglo XVIII.

Baños de Valdearados

Disfruta de una situación privilegiada, junto al río Bañuelos e inmediata a la calzada que unía Clunia y Asturica. Esto favoreció el desarrollo de un centro de explotación agrario romano controlado por una villa cuyos restos, de notables mosaicos, son uno de sus principales atractivos. Hoy es conocida como la villa romana de Santa Cruz.

Sobre una colina se erige la ermita del Santo Cristo, antigua iglesia parroquial con bella portada del gótico final. La expansión de la población hacia zonas más llanas propició, a partir del siglo XVI, la construcción de un templo dedicado a la Asunción. En su interior destacan dos retablos barrocos que incorporan tablas del primer Renacimiento de singulares calidades pictóricas.

Un paseo por sus calles permite descubrir obras como el rollo jurisdiccional y singulares ejemplos de la arquitectura popular, con curiosos símbolos protectores mágico-religiosos labrados en sus dinteles.

Clunia (Peñalba de Castro)

La ciudad romana de Clunia, declarada Bien de Interés Cultural, es uno de los lugares más notables de la Ribera. Emplazada en lo alto de una meseta sobre el río Arandilla, tuvo una función significativa en algunos pasajes de la historia de Roma, al tomar partido por Sertorio en la guerra contra Sila. Durante el reinado de Nerón desempeñó un papel protagonista al refugiarse en ella el cónsul Galba.

A finales del siglo I, Roma quiso convertirla en centro de referencia de un amplio territorio. Al no cumplirse las expectativas, la ciudad se adaptó a sus posibilidades, viviendo con cierta prosperidad hasta el siglo V. Con el tiempo, su memoria cayó en el olvido hasta la llegada de los ilustrados.

Siempre sorprende a los visitantes el secreto que esconde un emplazamiento tan inhóspito. En su interior, la Cueva de Román atesora una gran reserva de agua explotada por los romanos quienes, en las galerías, dedicaron un santuario a Príapo, dios de la fertilidad.
De especial interés son el monumental teatro y el foro donde se erigían el templo de Júpiter, la basílica y locales comerciales. También son de obligada visita las termas, que más allá de su labor higiénica, cumplían una función social. En las de Los Arcos es visible el hipocausto o calefacción bajo el suelo.

También se han excavado varias casas de amplias dimensiones, algunas con estancias subterráneas para combatir el clima extremo de la ciudad. En ellas pueden verse elegantes mosaicos.

Monsaterio de la Vid (La Vid)

La imagen de esta abadía, una de las más antiguas de la orden de Prémontré en España, se ha ido configurando a lo largo de ocho siglos.

Fundada en 1152, gozó de la protección de los reyes Alfonso VII y Sancho IV, además del apoyo de familias nobiliarias como los Zúñiga y Avellaneda. Cuando a principios del siglo XVI Íñigo López de Mendoza ascendió a la categoría de abad del monasterio, se abrió una época de grandes empresas artísticas hasta finales del siglo XVIII. Tras la desamortización, fue adquirido por los padres agustinos que recuperaron su antiguo esplendor.

El conjunto que ha llegado a nuestros días, organizado en torno a dos claustros, fue un activo centro de carácter espiritual, económico y cultural dotado de imprenta y una de las más ricas bibliotecas monásticas, hoy en uso.

Santuario de San Pedro Regalado (La Aguilera)

La Aguilera, muy próxima a Aranda de Duero, está situada en la vega del Gromejón, protegida por una pequeña colina. Aparece documentada por primera vez en 1136, como población de carácter agrario favorecida por sus condiciones naturales. En el siglo XV pasó a formar parte del señorío de los Zúñiga

La historia de la orden franciscana se entreteje con la devoción de pobres, enfermos, reyes y nobles para dar lugar a una de las piezas claves del barroco burgalés.

Destaca la capilla octogonal coronada con esbelto chapitel de pizarra. Sus exuberantes yeserías y brillantes dorados son el mejor escenario para manifestar la gloria de los milagros del Regalado. A su realización contribuyeron los condes de Miranda, cuyos escudos presiden el santuario. Desde el año 2010 está ocupado por la congregación Iesu Communio.

Iglesia de San Nicolás de Bari (Sinovas)

En esta pedanía, inmediata a Aranda de Duero, destaca el templo parroquial dedicado a San Nicolás,testimonio del continuo proceso de reelaboración vivido por los edificios religiosos ribereños.

Consta de una única nave en cuyo exterior destaca la portada, sencillo testimonio de finales del románico. Está precedido de unas bellas columnas renacentistas que sustentan un pórtico reconstruido recientemente.
Del interior destaca la cabecera renacentista, culminada bajo la protección del obispo Acosta cuyo escudo preside una bóveda de crucería. También un retablo manierista efectuado por el maestro oxomense Francisco de Logroño.

La pieza más excepcional del conjunto es una singular techumbre perteneciente a la escuela gótico-mudéjar burgalesa de principios del XV. El amplio programa decorativo desplegado potencia su riqueza y vistosidad y su temática se relaciona con el sentido de la vida cristiana como lucha, combinando motivos religiosos con otros profanos y un amplio repertorio de animales fantásticos.

Son interesantes, también, la techumbre del sotacoro y la escalera de acceso al coro.

Iglesia de San Juan Bautista y Palacio de Guzmán

Guzmán, alejada del bullicio y cercana a páramos de elevada altitud, desde donde disfrutar de bellas vistas de la Ribera, es una localidad de la vega de Roa de gran importancia histórica.

Su origen está asociado al proceso de consolidación del entorno del Duero por parte de los cristianos. En el siglo XI aparecería citada como la villa de Guzmario, siendo uno de los lugares de procedencia de la principal nobleza castellana. Este es el caso de Félix de Guzmán, padre del fundador de los Predicadores, Santo Domingo de Guzmán.

Desde mediados del siglo XVI la villa conoció un notable desarrollo, visible en su iglesia de San Juan Bautista. Su cuerpo de campanas fue realizado con el patrocinio del obispo palentino Cristóbal Guzmán y Santoyo, a quien se debe la capilla funeraria de los Guzmán, donde pueden verse las esculturas funerarias del prelado y sus padres.

Este prelado reedificó, hacia 1640, el palacio de los Guzmán cuyo origen fueron las casas señoriales de las familias Guzmán y Santoyo, muy próximas entre sí. El núcleo central, de planta cuadrangular, del edificio está precedido por un cuerpo delantero de torres angulares de gusto clasicista. En el interior destaca una amplia bodega subterránea cubierta con una excepcional bóveda de cañón.

Ermita de la Santísima Trinidad (Fuentespina)

La localidad, próxima a Aranda de Duero y apoyada en el cultivo de la vid, conoció un singular crecimiento durante los siglos XVII y XVIII. Se puso en marcha, entonces, la renovación de sus principales elementos de identidad como la iglesia de San Miguel, el humilladero y la ermita de la Santísima Trinidad, Bien de Interés Cultural.

Popularmente denominada ermita del Padre Eterno, se sitúa en un ameno paraje y constituye uno de los mejores ejemplos de centro de devoción barroco en la Ribera. Iniciada en 1719, su proyecto colmó varias décadas de la vida del vecindario, que no escatimó esfuerzos para contratar a reconocidos profesionales.

Tras superar un inicio conflictivo, la construcción se encargó a Domingo de Izaguirre y Gerónimo Ruiz. En 1727, José de la Calle diseñó las bóvedas y su interior se completó con la obra de uno de los mejores retablistas castellanos: Pedro Correas. Cabe destacar su integración con el entorno, su singular portada, las exuberantes yeserías de las bóvedas y el rico conjunto de retablos de resplandecientes superficies.

Todos los años celebra una concurrida romería.

Riberas del río Duero y afluentes

Su territorio comprende las provincias de Burgos, Valladolid, Soria y Zamora. A este espacio pertenecen los municipios ribereños de Castrillo de la Vega, Fresnillo de las Dueñas, Gumiel de Mercado, Haza, La Cueva de Roa, La Vid, Roa, San Juan del Monte, Vadocondes, Mambrilla de Castrejón, San Martín de Rubiales y Villalba de Duero. La capital de la comarca, Aranda de Duero, queda excluida de la zona protegida como LIC (Lugar de Importancia Comunitaria) por su carácter industrial

El río Duero alberga una gran variedad de comunidades piscícolas ligadas al medio fluvial como barbos, carpas, cangrejos y anfibios, además de diversas especies arbóreas como el chopo, los fresnos, los espinos albares y algunos jóvenes olmos, supervivientes a la grafiosis, enfermedad que acabó con las olmedas de la zona entre 1970 y 1990.

Ermita de la Santísima Trinidad (Fuentespina)

Abarca los municipios de Fuentecén, Roa, Hoyales de Roa, Berlangas de Roa y es la entrada del Espacio Natural de las Hoces del Riaza en la vecina provincia de Segovia.

El paisaje se disfruta especialmente en otoño y primavera, por el protagonismo del color en estas épocas del año.

Es recomendable visitar estos parajes para observar un hábitat de ribera bien conservado, en el que podemos encontrar representadas a la perfección las plantaciones de chopo y los bosques de galería, con numerosas especies vegetales y animales.

Y en sus aguas encontramos la presencia de la nutria y la trucha.

Sabinares del Arianza

En torno a este territorio natural, uno de los más grandes y mejor conservados sabinares del planeta con ejemplares de más de dos mil años, se sitúan varias localidades: Espinosa de Cervera, Briongos de Cervera, Ciruelos de Cervera y Arauzo de Miel.

Considerado Zona de Especial Protección Para las Aves, está próximo a la Yecla y al Parque Natural Río Lobos. Estos tres territorios podrían unirse en un corredor dando continuidad al espacio natural de los Sabinares de Calatañazor, en Soria.

El relieve escarpado, regado por diferentes ríos, es refugio para diversas especies animales y vegetales. Así, predominan las sabinas albares, junto a encinares y bosques de ribera.

Podemos además encontrar tres variedades de pinos, como son el albar, el laricio y el resinero, y numerosos matorrales de brezos, jaras y aulagas. Por último, en las zonas anexas a las riberas, hallaremos bosques de galería con chopos, alisos, fresnos y sauces.

Las grandes paredes calizas favorecen el refugio de numerosas especies de aves, destacando el buitre leonado, el alimoche, el halcón peregrino, el águila perdicera y el búho real.

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